14 de diciembre de 2009
De Juanita Barreto
Te saludo hoy de manera especial, con mis reconocimientos por todo el trabajo realizado para la realización y culminación de este evento. Deseo que las propuestas, los propósitos y los sueños que en él circularon sigan alimentando las apuestas por un periodismo que reconoce los derechos de las mujeres, y que el Manifiesto de Bogotá sea difundido ampliamente.
Sororo saludo,
Juanita Barreto Gama
9 de noviembre de 2009
Carta para Markos
Eran las 4 de la madrugada cuando sentí el timbre del teléfono. Escuhé a tu madre: Ya viene Markos. A partir de ese momento iniciamos el revuelo en el apartamento en el centro de Bogotá, plena Candelaria, zona histórica de esta capital.
En plan relajado, tu madre dejó que en la ducha, el agua corriera por su cuerpo en el que se dibujaba tu figura. Tu padre, acompañaba a la joven madre, y entre contracción y contracción terminó de pintar a Asterix y Obelix en tu cuarto. La abuela dio un retoque a la sala y a la cocina hasta que llegaron las 6 de la mañana, entonces ella preparó su cámara y, fotos aquí y fotos allá, esas que hoy ya son parte de tu historia.
Tu mami con su hermosa barriga, papá pintando y los cerros de Guadalupe y Monserrate pendientes del suceso para grabarlo en sus entrañas. Quizá algún día alguien descodifique todo lo que en su interior se acumula.
Pronto muy pronto llegaron las madrinas que acompañarían el nacimiento: una de siete años y otra de 10, desde luego, invitadas de excepción.
Llegó el médico con toda sus parafernalia de equipos y empezó a llenar de agua una piscina. Una enfermera y otra acompañante formaron el grupo de profesionales. Pero no sólo él y ellas fueron las responsables. Llegó tu tío materno con el darbuka y tocó música árabe, una prima que pronto se fue, la amiga entrañable de tu padre y la bioenergética de la familia.
Ya el alboroto estaba en su plenitud. Era una fiesta, ¡Claro que era una fiesta! Una nueva vida, un ser deseado y esperado estaba a punto de ver la luz.
Tu madre se introdujo en la cavidad llena de agua tibia mientras avanzaban las contracciones. Cambio de posiciones, masajes, mimitos para acompañar a esa valiente mujer que hizo junto a tu padre que tu llegada fuese de verdad un acontecimiento. Llenaron de contenido esta palabra.
La música paró. Abuela seguía preparando en la cocina arroz y sudado. ¡Ah! y aguapanela para darle sorbos a tu mami. Pronto sabrás que abuela no es la mejor cocinera pero que se reserva uno que otro plato para celebrar, pero cuanto si sabía ella es que “más sabe una diabla por vieja que por diabla” porque acertó la hora de tu nacimiento.
A las 5:25 de la tarde de un 22 de octubre, tomaste impulso y saliste del olimpo materno como si fueses un pez. El médico te tomó en sus manos y pasados unos segundos el pecho de tu madre fue el primer territorio sobre el que sentaste tu cabeza y soltaste el primer llanto. En medio de tanta felicidad, caras de sorpresa y sonrisas escuchamos “la voz de América”, a Mercedes Sosa, con “Palabras para Julia”. Luego un ritual para que tu padre cortara el obligo y, un brindis: Nació Markos. ¡Gracias a la vida! Seguía Mercedes con los versos de Violeta Parra.
Desde lejanas tierras el abuelo y la tía siguieron las horas hasta que las alcanzaron para retener la misma emoción de quienes presencialmente éramos partícipes.
¡Bienvenido! ¡Bienvenido! ¡Bienvenido! Una luz se coló por las ventanas y las fotos de un anaranjado atardecer dejaron constancia de la inmensa felicidad que se instaló en todos y todas las que esperábamos tu presencia.
Te querrá para el resto de la vida
La abuela
9 de abril de 2009
Desde Madrid, villa y corte...
Que emoción tan grande, saber que le hemos robado una carcajada en una larga tarde dominical y que de paso, nos hemos ganado unos ladridos de la perra Canela. Esto de escribir, tiene sus recompensas. Guau, Guau.
Ha sido muy difícil tramitar la conseguida del tradicional sobre con ribetes azules y rojos. He buscado en Internet esa imagen que habita en nuestras memorias, pero no la conocen. Esos sobrecitos los recuerdo mucho desde los siete años, cuando me llegó una carta por el correo temprano y en esa carta decía, con errores ortográficos incluidos y letra infantil temblorosa: "NOS BEMOS DONDE SAVEMOS, ALA SALIDA DEL CATESISMO".
Bueno, la carta estaba escondida en uno de mis cuadernos, pero cada que veo esos ribetes azules y rojos, mi memoria rescata esa sobrecito y esos temblores cuando me dirigía a mi primera cita clandestina. Ah, tiempos aquellos, que sí volverán. Así que esta carta también viaja sin ese hermoso sobre.
...(la carta sigue con una deliciosa prosa que será guardada en un sobre con ribetes azules y rojo).
Un abrazo
Jorge Rueda
27 de diciembre de 2008
Compañeras, compañeros de trabajo de cualquier lugar
Compañeras, compañeros de trabajo de cualquier lugar, todo lo que podría ser armonía y construcción en algunos casos se convierte en competencia, pero no en sana competencia para contribuir al avance de los objetivos, se convierte en deseo de aparecer bien y con resultados frente a los ojos de la jefe, el jefe y quienes le rodean. Así, así no vale la pena.
Y los comentarios que no pasarían de ser comentarios se llevan a terceras personas con un carga de subjetividad que hace perder la objetividad sin un contexto y que lamentablemente llaman "lealtad". ¿Lealtad? Es una vulgar distorción del concepto.
En la lucha por la independencia de España, alguna vez dijo Simón Bolívar que "si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella" y algo parecido podríamos decir en las relaciones de trabajo y la condición humana.
30 de septiembre de 2008
Querida Blanca
Con dolor te despedimos. “Siempre es amargo el adiós” pero la presencia de ti como mujer campesina, mujer que se forjó amasando la tierra, amasando pan, cuidando las vacas, plantando en la huerta, cuidando a sus hijas, a sus hijos; mujer que amó a su nieta Adriana con el tierno azul de la inmensidad; mujer que danzó por las tablas envejecidas del suelo del corredor de su finca en Choachi, muy cerca de Bogotá, mujer, mujer, mujer…Mujer extraordinaria.
Blanca, dejaste instalada en tu desendencia, una cualidad en extinción: la honradez y, les regalaste en cada día, la apropiación de la tenacidad y el amor al trabajo pero las dificultades de la vida en el campo, la educación recibida y otras tantas circunstancias de las que no voy a escribir un tratado, hicieron que te olvidaras de ti. Una enseñanza más para quienes te rodearon.
Blanca, gracias, con mucho amor, gracias. Yo también recibí de ti y disfruto de la presencia y la compañía de quienes gracias a ti tienen la vida.
Hasta siempre
Fabiola
6 de agosto de 2008
Desde San Antonio Huista, en Guatemala
Han sido cinco días increíbles, he conocido a Rubén, un hombre de unos 65 años, que es el coordinador de la asociación que lleva los proyectos que evaluamos. El estuvo 30 años en la ORPA- la guerrilla guatemalteca- es sorprendente la manera en que ha organizado la comunidad y como han ejecutado los proyectos todos ellos de tipo productivo, (ahora soy una experta en abono orgánico, cultivos de milpa y frijol y cuidado de aves de corral) en fin, escucharle hablar es un placer.
Ahora hay un problema en el país porque quieren institucionalizar el uso de unas minerías en lo alto de las montañas lo cual generaría riesgos tóxicos de todo tipo para la comunidad.
Rubén aprovecha nuestra visita y después de presentarnos en los grupos lanza unos discursos que no tendrían nada que envidiarle a los del subcomandante Marcos. Es entrañable, y yo, como la gente, me quedo atónita escuchándole y luego de un suspiro me apunto al ¡Abajo las minerías! Sencillamente admirable. Entre este hombre y el montón de mujeres que he conocido, todas lideresas comunitarias, se me esta abriendo el corazón. ¡Cómo necesitaba esto! Vida, ¡¡¡Mucha vida!!!
Mañana terminamos aquí y nos vamos a valorar una maestría también de líderes comunitarios. Espero seguir tropezando con otras lucecitas y llegar con buena energía a Colombia.
Un beso camaradas y hasta pronto,
Ana (Gamba)
28 de mayo de 2008
A mi hermana, a mi madre
Querida hermana y querida mamá:
¡Cómo duelen estas prematuras ausencias! Estas súbitas partidas, estas muertes sin razón en una Colombia que ha perdido el rumbo pero con la fortuna de contar con soñadoras, con soñadores que intentamos decir, contar, gritar desde la palabra con el artículo, el reportaje, la tertulia, el cuento, el poema… pero nuestras voces se pierden en el marasmo, en los altavoces de quienes se han enseñoreado con las armas para sembrar de terror los campos, las ciudades, las almas, los cuerpos de quienes pensamos y sentimos esta tierra tan llena, paradójicamente, de amor y de locura de vida, ansiosas de justicia y paz.
Hermana, mamá, la pérdida de un hijo, es parte de la muerte de una madre. Los lloramos, nos desgarramos, gritamos nuestra rabia e impotencia. Es nuestra urgencia y necesitamos hacerlo para que un día cicatrice, cicatrice esa herida, sólo que hoy sobre la cicatriz aparece otra herida en la historia familiar.
Pero hoy necesitamos, también como otra urgencia, recordar a nuestros ausentes como los idealistas que fueron cada uno dentro de su momento y del momento del país, recordarlos en su alegría y sus demencias, recordarlos en sus errores y en su inmensa capacidad de querer cambiar este país, una tarea bastante grande, esquiva e inalcanzable hasta nuestros días.
Amparo, Pastora, gracias por esa fortaleza que admiro desde el rincón que la siento a cada una. De las dos he aprendido tanto por lo que deseo hacer como por aquello que no me gusta o no comparto. Gracias hermana mayor, gracias mamá. Mis hermanos, mi hijo, mis sobrinos se han marchado pero siguen vivos y seguimos nosotras.
Se acaba de marchar Andrés Felipe y con él se fue un joven poeta que nos dejó sus versos y, hermana, tenemos también tus versos que aún necesitan ver la luz.
Un cósmico abrazo, un grito de rebeldía
Fabiola